jueves, 4 de febrero de 2016

Sobre màrtirs i sants (no és el mateix)


CON GUSTO
 DEMASIADOS MÁRTIRES
EMILI PIERA
Los que ven el mundo musulmán como literalmente poseído por un frenesí autodestructivo y sectario (ambas cosas favorecidas por subvenciones sospechosas y jugarretas imperiales), los que tienden a ver las cosas así, deberían ser más humildes: Europa se pasó varios siglos desgarrándose en guerras de religión y su forma, no menos incivil, pero laica, el nacionalismo y su “transferencia de sacralidad”. Guerras no más sensatas que los bombazos recíprocos entre chiíes, sunitas y demás familia. Lo evoca, con el doble estremecimiento de la belleza y el horror, Robert Louis Stevenson en sus viajes con la burra Modestine por las gargantas del Tarn, las tierras del Aude y otros lugares del Languedoc.
Y en esas que monseñor Cañizares me da un susto: “la libertad la traen los mártires, no los revolucionarios”. Puede, eminencia, pero, por favor que no tengan prisa, hay otras formas de hacer frente a la crisis de santos (sabios y guerreros). Ha costado mucho que aquí, en Sicilia, que es donde le leí, puedan festejar a San Sebastián y, un poco más tarde, a Santa Ágata y, entre medias, los Carnavales, con paz, banderolas y andas barrocas como los pasos de Sevilla, una fiesta muy cristiana, sin duda, pero también un poco indostánica. Por cierto, en Pakistán fueron elevadas al cielo de Alá 3600 almas el último año, que no fue malo en crímenes de secta; en los anteriores, la cosa fue peor. Nuestro querido arzobispo no  debería parecer el califa Abú Bakr al-Bagdadí.
Con menos mártires, también nos hubiéramos arreglado. Confieso que tuve en mis manos el libro Avarizia (aún por traducir que yo sepa) de Emiliano Fittipaldi (les juro que no es mi pseudónimo), dedicado a las finanzas vaticanas, pero yo ya había seguido el culebrón del Banco Ambrosiano y el banquero Roberto Calvi, suicidado bajo el puente de Blackfriars. Dice el autor que es por ayudar al papa Francisco, pero la proclamación despide cierto tufo hipócrita. El catolicismo, al menos, sigue siendo cosmopolita que era la acusación que pesaba sobre los soviéticos sospechosos de poco patriotismo, otra fábrica de mártires aquella.    

lunes, 23 de noviembre de 2015

40 Aniversari de la mort de Franco


CON GUSTO
   FRANCO ERA CHINO
EMILI PIERA
Ayer se produjo una efeméride divertida: Franco ya lleva más años en el sepulcro de los que se pasó en el trono, hecho una reinona. Incluso los que tuvieron el dudoso privilegio de conocerlo desde el principio, ya llevan más años sin él que padeciéndolo. No está mal como fracaso para quien quería asentarse sobre principios nada menos que inmutables. No hay mal que cien años dure: ni siquiera cincuenta. Como todo el mundo cuenta batallitas acerca de lo que hacía y por donde andaba por aquel entonces, yo cuento que, el verano de ese año, empecé a hacerme periodista (a escribir había comenzado antes) y que, por tanto, llevo tantos tiempo sometido al jubiloso yugo del oficio como libre de quien ideó tantas maneras de sujetarnos.
Sin embargo tenían razón los moros que señalaban su baraka, su buena estrella, una formidable chamba (que los distraídos confunden con la Providencia, cuando la pobre hace lo que puede y, sobre todo, lo que le dejamos) que siempre le situaba en el lugar más ganancioso y a sus rivales, en el avión estrellado o en las estepas rusas, bien lejos. Y a los americanos, bien cerca: para que trajeran queso y megatones, leche en polvo y avales (bancarios). También fue muy astuto a la manera cazurra y un poco china y como Deng Xiaoping a sus paisanos, nos pilló el tranquillo: concedernos la libertad de aclamarlo, de constituir empresas y de ganar dinero. Las golferías, con discreción.
Gracias a la política ficticia (no paraban de adoctrinarnos pero Framco, curiosamente, era más empírico que doctrinario), pudo fingir que los suyos eran España, lograr que no se tuviera en cuenta que fue más sanguinario que otros tiranos vecinos como el portugués Salazar y el italiano Mussolini, no conceder ni honor ni reconocimiento a los otros españoles combatientes (que siguen en las cunetas) y vender a los saharauis. Nos devolvió a la Edad Media donde habitaba su feo culo subido a la grupa del caballo de San Fernando. Había entonces y ahora una forma de vengarse de tanto desconsuelo: cultivar la alegría contra toda esperanza. 

Text llegit en el funeral per Baltasar Seguí, fill, amic nostre


PARA BALTASAR
La verdad es que cuesta imaginarse un Benimaclet sin Baltasar aunque Baltasar, de natural nómada, pudo pasarse sin Benimaclet, muchos años y en los más diversos lugares. Pero quizás nuestro amigo, nuestro Peter Pan, no se haya ido del todo mientras quede alguien que recuerde su risa hacia adentro, el brillo burlón de sus ojos, su gigantesco espíritu de gresca y fiesta.
Como somos de un país que sólo habla bien de los muertos, mido mis palabras: el afecto verdadero no necesita exageraciones. Baltasar es un ciudadano –me cuesta hablar en pasado– más bueno que ejemplar, más cariñoso que modélico y más alegre que coherente. Cada cual elige el mapa de su vida. Dio algo de consuelo a tantos, y bastante o muchísimo a unos pocos, empezando por su familia, su padre Baltasar, su hermano Manolo, sus hijos Iván y María y su querida mujer, Inma.
Benimaclet se queda sin cronista. En otro tiempo, Baltasar hubiera contado las historias del barrio con viñetas y pareados, con aleluyas y otros recursos de buhonero de feria en feria, porque se conocía todos los sucedidos, historias, enjuagues, líos y viejos asuntos del barrio y los contaba a su manera, atropellada y gozosamente, como con temor de olvidarse algo o, mejor aún, con ganas de sembrar más curiosidad de que la que saciaba.
Y ya me callo. Me ha pasado lo que a muchos: lo he visto tendido y quieto por una vez y me ha parecido que iba a levantarse y a soltar: “¡Os jodéis que estoy vivo!”. Y el caso es que tendría razón aunque ahora descanse un rato y camine hacia la luz que brilla perpetua. Adéu, Balta.   

jueves, 12 de noviembre de 2015

De Cullera a Granada


Melocomotó

 ARROCES Y MOZÁRABES
Emili Piera
El Eliana Albiach de Cullera presentó la X Edición de Arrosària, un repaso a la diversidad y sentido innovador de los arroces que prepara el chef Juan Giner con las variedades gleba, j. Sendra, basmati, carnaroli, arborio, albufera, negro salvaje y bomba. Los varietales del arroz, antaño asunto de especialistas, agricultores y agrónomos, han saltado a las conversaciones de los gastrónomos. Aunque un grano de arroz sea muy parecido a cualquier otro grano, no todos se comportan igual en la cocción, ni sueltan las misma cantidad de almidón, ni tienen la misma facilidad para abrirse y empaparse por los sabores del caldo. Juan Carlos Galbis es uno de los mayores especialistas en el tema y recomienda guardar el arroz en la nevera, bien envasado.
El certamen Arrosària tenía un relieve especial este año que también es el décimo de la fundación del restaurante. Figuras de la política local (Jordi Mayor, el alcalde, o el diputado, Toni Such) y Vicente Patiño (que estrena nueva carta en Saiti), Fernando Cebrià y Arnaud Guillermin, como chefs invitados.
Unos días antes habíamos comido en Eliana Albiach. Elegimos el menú Albahaca negra (uno de los dos de 25 euros, vino incluido) que se compone de una pequeña y sabrosa coca, panes variados, anchoas y boquerones con jugo de lima, aguacate y cacau del collaret, jamón ibérico y sepionet de Cullera. De plato principal a elegir entre un arroz de bogavante, lomo de bacalao y –lo que yo elegí– secreto ibérico con manzana reineta y curry y cinco especias, más pastel de chocolate belga con helado de canela. No está nada mal, ciertamente. También están los menús Degustación (40 euros) y Premium (60 euros).
La contención de cantidades y precios es el signo de los tiempos y eso ocurre hasta en Granada donde, según la tradición y yo mismo comprobé, con tres tapas, comías. La tapa va con el vino o la cerveza y aunque los precios se mantienen, las tapas encogen. Aún así, pedí media ración de cazón en adobo y era más grande que muchas enteras en Valencia donde, a veces, la mezquindad con el material es alarmante.
 Subimos al Albaicín granadino, al mirador de San Nicolás, a comer en la terraza del bar Kiki y ver que era eso de la “cocina mozárabe”. Pues son platos, a veces comunes, tratados con una mayor cantidad de ingredientes dulces, desde la miel a los frutos secos o las pasas, más algún elemento tan andaluz, como la preparación diferenciada de las distintas partes del ronqueo (el despiece) del atún. Elegimos el tataki: crudo. Y las berenjenas en láminas finas, fritas y con miel de caña, el lomo de bacalao y unas chuletitas que estaban ricas, pero nadaban un tanto en una salsa quizás excesiva. Un vino de la tierra de syrah y garnacha, ligero y sabroso, con la palabra Garnata (una de las denominaciones de Granada) en la etiqueta, no confundir con el vino natural Garnata de Barranco Oscuro. 50 euros por cabeza.
Hay restaurante donde se come muy bien. En otros, bien y por poco dinero. Muy poquitos tienen un precio alto y una carta sólo correcta y no te sientes estafado: un lugar de privilegio, a la sombra, pero con todo el trasiego, no siempre santo, de la Granada vieja, bien a la vista. Y un mirador sobre los tejados, iglesias y mezquitas de la ciudad y la Alhambra. Una gozada. Además, buen servicio. Compré morcón y queso de cabra con romero de Las Alpujarras en Estarli, calle San Antón. 958 263 911.
A la ida, comimos en Alhama de Murcia, en el restaurante El Chaleco, con varios ambientes y cierto lujo comarcal. Correcto, un poco caro. 34 euros por cabeza. Yo me pedí el lomo tía Encarna y el sorbete de higo chumbo. 968 630 104.

Eliana Albiach.- Auténtico centro de la innovación en la cocina arrocera. Valga como ejemplo el arroz seco de salmonetes con napicol, garbanzos y acelgas. Atavismo y delicadeza. 961 732 229.

Bar Kiki. Mirador de San Nicolás. Albaicín. Granada. Cocina mozárabe, vistas sin competencia y vinos muy interesantes con cierta inclinación a la rareza y el viñal extremo. 958 276 715.
      


Queremos libros nuevos. La liga de Los Sin Bata


CON GUSTO
   LIBROS DE TEXTO
EMILI PIERA
Como estamos convencidos con Oscar Wilde que sólo el lujo (y el AVE) son imprescindibles (en España, cada hombre, un soberano), se nos ocurren un millón de maneras de ahorrar en fruslerías. Por ejemplo en libros que son un objeto de placer que dura mucho más que una trufa negra de buen tamaño, más que un polvo cumplido, más que un estupendo festín con tres platos y postre, más que una película del George Clooney. Ahorramos, muy concretamente, en libros de texto: le dan, al cabeza de familia, cien euros al empezar y otros cien, al final de curso, si el nene o la nena devuelven los libros intactos o en buen uso ¿Contará Hacienda la calderilla como ingreso extraordinario?
No sé que es peor si ese estilo mendicante que da en racionar las monedas, pocas y pequeñas, o ese estímulo, supuestamente cívico, del reciclado, las buena maneras y la renuncia a la caricatura de la autoridad competente. De toda la vida, los libros de texto han desencadenado, precisamente porque no lo pretendían, el talento satírico, la capacidad de añadirles a las cien, o más, figuras universales, una barbita de chivo o una cresta punkie. Hasta un señor tan comedido como Azorín –que sobrevivía en su larga ancianidad con sobrecitos de azúcar disueltos en agua del Lozoya -, hasta ese señor de sombrero y cutis de marfil antiguo, decía que los libros están para subrayarlos, añadirles notas al margen, pegarles post-its y adendas, sujetas con cinta adhesiva, doblarles los cantos para encontrar la cita y otras mil perrerías. El libro ni siente ni se duele: eso lo hacía el que lo escribió.
Por otro lado, no sé si los ilustres administradores de los recursos educativos –que a veces han leído incluso más de un libro – no sé, digo, si entenderán que en muchas casas no hay otros libros que los libros de texto y que sacarlos de allí es como contarles las aspirinas a los jubilados con la excusa de evitar la automedicación. Coño, paguen los libros y olvídense de ellos, que luego cada cual los tratará según su personal idiosincrasia: a mi me encanta olerlos cuando son nuevos, pero juro que nunca he ido más lejos.     

Don Tancredo y el general


CON GUSTO
  TANCREDO Y EL GENERAL
EMILI PIERA
No creo que este PP engañe a nadie con su frente patriótico, pero de todos modos lo intentarán, como si ellos tuvieran la solución de hacerse el Don Tancredo –inmóviles en su pedestal– y no fueran, realmente, parte del problema con su visión reductiva y excluyente de España, con el uso del odio al catalán como baza electoral recurrente (y aquí, en Valencia, mucho más) y, en definitiva, como la vía más segura de retroalimentación mutua con los soberanistas de Junts pel Sí y demás allegados. Tiempo les faltó a los portavoces del PP para decir que el compromiso del general José Julio Rodríguez no era con un partido –Podemos– “que se distinguiera por su defensa de la unidad nacional”.
La “unidad nacional” del PP ya sabemos cual es: la del “¡Hábleme en cristiano!”. Y yo no he visto que Podemos proponga trocear España: reformar la Constitución, sí; y buscar un nuevo acomodo de Cataluña en España, también. Y quizás eso pase por una consulta, ¿Por qué no? Podría darse el caso, y cada vez está más cerca, de que fueran las izquierdas del más variado pelaje las que abrocharan alguna forma de articulación nacional para el próximo medio siglo que supere la emulación negativa del “yo no quiero ser menos” del lado hortera de las autonomías y el empalagoso arrope de las visiones nacionalistas –catalana y española–, como si  nunca hubiera habido en Cataluña franquistas o carlistas o como si la flamante democracia española ya estuviera ingénitamente inscrita en el genoma de Franco.
Este es un país como otro cualquiera, de hecho más vivo que la mayoría. Y que siga. Razón tiene Enric Juliana al decir que el ala pactista de la política española es a la que más teme el partit de la flamarada, esto es, el catalanismo radical (y reaprovechados como Romeva), pero en esta danza, la cúpula del PP tiene menos papel que un pato mudo en un orfeón pues antes de que se plantearan los desafíos a la ley y el buen juicio de una parte de los soberanistas, el PP ya se había encargado de quebrantar una cosa y otra con una corrupción vergonzosa, general, desestabilizadora.    

domingo, 20 de septiembre de 2015

Tolstoi i més coses


CON GUSTO
      GUERRA Y PAZ
EMILI PIERA
 La primera obra literaria sobre la que hice un trabajo escolar fue Guerra y Paz. Me bastó un libro de argumentos de la literatura universal de mi tío Rafael para sacar nota. Sentía, mucho después, el temor casi supersticioso de acercarme al novelón original, entero y verdadero, por miedo a cerrar un ciclo, mi ciclo, pero ya llevo recorridos dos tercios del relato y no veo señales de desaprobación en el cielo. Ha sido un camino tortuoso: los elementos de las primeras partes son deliberadamente dispersos, fragmentados, piezas de un puzle echadas sobre una alfombra suntuosa pero, como en El Quijote o en el Tirant, es tanto mejor cuanto más avanza.
Incluso al leer la primera parte de Vida y destino (Vasili Grossman), me pareció que no debía pasar a la segunda sin acercarme antes al precedente de Tolstoi. No hay tal precedente: Vida y destino es lo más parecido a La Ilíada que se ha escrito en los últimos doscientos años; en Guerra y paz, pese al conocimiento de las maniobras de Austerlitz y de los documentos que retratan la batalla, pese a hablarnos de la valentía o del sacrificio como virtudes, no hay aliento épico que valga. Al contrario: una escéptica contemplación de los nuevos enemigos que fueron viejos aliados, o al revés, como trasunto de las jugadas políticas (eso es la guerra, según sus teóricos más preclaros).   
Sumergido en mi lectura veraniega, la casualidad me trajo a El País, un seductor sabanazo de Mario Vargas Llosa, víctima como yo de una traducción que no parece mala sino, probablemente, atolondrada: le faltan dos revisiones para asegurarse de las concordancias de género y número y para salir al paso de la engañosa facilidad del ordenador. Es de Mondadori. Este es el Tolstoi anterior a su crisis religiosa: un formidable y desdeñoso petimetre, muy sensible a la belleza de mujeres y hombres o de una noche de invierno conduciendo trineos a la luz de la luna sobre un camino de nieve silbante. Y sí, es espiritual, es decir compasiva: uno se ocupa en nacer o se ocupa en morir.