CON GUSTO
REALIDADES PARALELAS
EMILI PIERA
Dos de las realidades paralelas que el
gobierno de Nuestro Amado Líder creó para que los valencianos viviéramos como
si el LSD viniera en el agua potable, han sido puestas en la picota. Se trata
de los generosos fondos –casi ocho millones de euros– que, para labores de
propaganda (todo era propaganda y decorado: Terra Mítica, el Palau de les Arts,
el aeropuerto de Castellón, la Formula 1), la pasta gansa, quería decir, que obtuvo
la supuesta fundación Agua y Progreso (je, je) y la decisión de Bruselas de
reabrir la instrucción judicial del monstruoso accidente de metro del 6 de
julio, una tremenda sacudida que tampoco logró devolvernos a la realidad real
pues se concluyó que había sido el gato, o sea el conductor que murió en el
acto y no podía defenderse.
Son dos delirios concebidos en el
territorio de la duermevela agitada que se abre entre la afirmación
irresponsable, el agravio y la megalomanía, auténticas palancas de nuestra
derecha regional, ya ven si el agua y los sucesos, dan de sí. Todos los
gobiernos mienten y lo hacen por lo mismo que nosotros: para protegerse. Pero
lo nuestro supera incluso la perplejidad que George Orwell sintió al ver
las noticias que publicaba la prensa española en la Guerra Civil: “no tenían
ninguna relación con los hechos, ni siquiera la que guarda una mentira
ordinaria”. De haber conocido las hazañas promocionales del Consell y los
alardes de Conill hubiera
pensado que le habían puesto ginebra y éter en la sopa (no había, entonces,
nada más fuerte).
La función del pensamiento es
desengañarse (sin renunciar a la diversión, que es el caso de este frívolo).
También es la del periodismo: identificar y desmontar los engaños. Así lo hace,
con el accidente de metro, mi compi Laura Ballester (Lluitant contra l’oblit). Del agua me ocupé yo en tiempos del primer Zapatero
con dos libros, dos: quizás encuentren aún L’aigua
de tots/ El agua de todos.
Tampoco es problema, se los resumo. No era verdad que la falta de trasvase
frenara el desarrollo. Almería y Lanzarote tienen de todo sin tener agua. Ahora
se fabrica: tanta como quieras.
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